Las letras de Tango reflejan la vida misma. Reflejan el dolor, el placer, la nostalgia, alegrías y tristezas. A través de ellas te invito a pensar! Letra Paredón, tinta roja en el gris del ayer... Tu emoción de ladrillo feliz sobre mi callejón con un borrón pintó la esquina... Y al botón que en el ancho de la noche puso el filo de la ronda como un broche... Y aquel buzón carmín, y aquel fondín donde lloraba el tano su rubio amor lejano que mojaba con bon vin. ¿Dónde estará mi arrabal? ¿Quién se robó mi niñez? ¿En qué rincón, luna mía, volcás como entonces tu clara alegría? Veredas que yo pisé, malevos que ya no son, bajo tu cielo de raso trasnocha un pedazo de mi corazón. Paredón tinta roja en el gris del ayer... Borbotón de mi sangre infeliz que vertí en el malvón de aquel balcón que la escondía... Yo no sé si fue negro de mis penas o fue rojo de tus venas mi sangría... Por qué llegó y se fue tras del carmín y el gris, fondín lejano donde lloraba un tano sus nostalgias de bon vin.
Las letras de Tango reflejan la vida misma. Reflejan el dolor, el placer, la nostalgia, alegrías y tristezas. A través de ellas te invito a pensar! Letra ¿Te acordás, hermano? ¡Qué tiempos aquéllos! Eran otros hombres más hombres los nuestros. No se conocían cocó ni morfina, los muchachos de antes no usaban gomina. ¿Te acordás, hermano? ¡Qué tiempos aquéllos! ¡Veinticinco abriles que no volverán! Veinticinco abriles, volver a tenerlos, si cuando me acuerdo me pongo a llorar. ¿Dónde están los muchachos de entonces? Barra antigua de ayer ¿dónde está? Yo y vos solos quedamos, hermano, yo y vos solos para recordar... ¿Dónde están las mujeres aquéllas, minas fieles, de gran corazón, que en los bailes de Laura peleaban cada cual defendiendo su amor? ¿Te acordás, hermano, la rubia Mireya, que quité en lo de Hansen al loco Cepeda? Casi me suicido una noche por ella y hoy es una pobre mendiga harapienta. ¿Te acordás, hermano, lo linda que era? Se formaba rueda pa' verla bailar... Cuando por la calle la veo tan vieja doy vuelta la cara y me pongo a llorar.
Las letras de Tango reflejan la vida misma. Reflejan el dolor, el placer, la nostalgia, alegrías y tristezas. A través de ellas te invito a pensar! Letra: ¡Déjame, no quiero que me beses!Por tu culpa estoy sufriendo la tortura de mis penas... ¡Déjame, no quiero que me toques! Me lastiman esas manos, me lastiman y me queman No prolongues más mi desventura, si eres hombre bueno así lo harás. Deja que prosiga mi camino, te lo pido a tu conciencia, no te puedo amar.
Besos brujos, besos brujos que son una cadena de desdicha y de dolor. Besos brujos... yo no quiero que mi boca maldecida traiga más desesperanzas en mi alma... en mi vida... Besos brujos... ¡Ah, si pudiera arrancarme de los labios esta maldición!
¡Déjame, no quiero que me beses! Yo no quiero que me toques, lo que quiero es libertarme... Nuevas esperanzas en tu vida te traerán el dulce olvido, pues tienes que olvidarme. Deja que prosiga mi camino, que es la salvación para los dos... ¿Que ha de ser tu vida al lado mío? ¡El infierno y el vacío! Tu amor sin mi amor.
Alfredo Ernesto Dalton, bajo el seudónimo de Ernesto Paredes, nació el 18 de noviembre de 1929 en Flores, Provincia de Buenos Aires, República Argentina. Era cantor y letrista.
Es el típico caso del cantor que sobrevino después de los años 40, con muchas de las características propias del denominado «cantor de la orquesta» pero forjándose entre solistas que habían triunfado en la década anterior con las grandes formaciones.
Era un barítono afinado de fraseo delicado, disciplinado al modo que el director imponía a su orquesta, igual que sus colegas del período anterior.
El tango todavía gozaba de la inercia de épocas exitosas y la radio seguía dispensándole grandes espacios en su programación.
Así ocurre que este muchacho, nacido en el porteño barrio de Flores, que había comenzado a cantar junto a su padre en fiestas y serenatas, es contratado por un par de meses en Radio Belgrano.
Su actuación atrae al guitarrista Ubaldo De Lío quien lo estimula para inscribirse en un concurso auspiciado por Radio Splendid y una empresa de golosinas. Transcurría el año 1953 y el joven cantor gana el primer premio con el tango “Una canción” de Troilo y Cátulo Castillo.
Al año siguiente integra el elenco de esa emisora, acompañado por guitarras y graba su primer disco. Su promisorio triunfo y su estampa agradable le brindan la oportunidad de actuar en el Teatro Comedia y de participar en la película Adiós Muchachos, junto al actor Pepe Soriano y el pianista Juancito Díaz. En este film interpreta varios tangos: “No me pregunten por qué”, “Rencor” y el vals “Nelly” entre otros.
Pero será en 1956 que se consolida definitivamente al grabar un nuevo disco, junto a las guitarras de Ubaldo De Lío y después ingresar a la orquesta del maestro Miguel Caló, con quien también llega al disco en 4 oportunidades. Actúa en Radio El Mundo y en diversos escenarios con la compañía vocal de la cantante Chola Luna.
Luego de Caló, Dalton se incorpora a la orquesta del bandoneonista Ernesto Rossi (Tití) actuando en radio y giras por el interior del país.
Luego de una gira por Brasil donde actúa como solista, en 1961 se integra a la orquesta de Francisco Rotundo con quien está muy poco tiempo. Después hace 2 giras como solista, la primera a la Patagonia, acompañado por el quinteto del legendario Minotto Di Cicco; la segunda a las provincias de Córdoba y San Juan, con las guitarras de José Canet.
Su pinta de galán y su voz le abren las puertas de la televisión. Actúa por canal 13 en el ciclo Yo Soy Porteño junto a las actrices Bárbara Mujica y Marilina Ross y su viejo conocido Pepe Soriano.
En 1968, hace una nueva visita al Brasil y a su regreso continúa sus actuaciones en los más importantes locales de tango: El Rincón de los Artistas y Vos Tango entre otros.
Fue autor de varios temas entre los que se destacan: “Andate con ella” con música de Norberto Ramos, “A seguirla bandoneón” con Víctor D'Amario, “No habrá otra como ella” con Ernesto Baffa, “Y dicen que no es amor” música y letra del propio Dalton.
Alfredo Dalton fue un luchador que tuvo que enfrentarse a los tiempos más difíciles del tango, desplazado del gusto de la juventud por los cambios culturales que impusieron otras costumbres y otro tipo de música.
Las letras de Tango reflejan la vida misma. Reflejan el dolor, el placer, la nostalgia, alegrías y tristezas. A través de ellas te invito a pensar! Letra: En la puerta de un boliche un bacán encurdelado, recordando su pasado que la china lo dejó, entre los humos de caña retornan a su memoria esas páginas de historia que su corazón grabó. Bulín que ya no te veo, catre que ya no apolillo, mina que de puro esquillo con otro bacán se fue; prenda que fuiste el encanto de toda la muchachada y que por una pavada te acoplaste a un no sé qué... ¡Qué te ha de dar ese otro que tu viejo no te ha dado! ¿No te acordás que he robado pa que no falte el bullón? ¿No te acordás cuando en cana te mandaba en cuadernitos aquellos lindos versitos nacidos del corazón? ¿No te acordás que conmigo usaste el primer sombrero y aquel cinturón de cuero que a otra mina le saqué? ¿No te traje pa tu santo un par de zarzos de bute que una noche a un farabute del cotorro le pianté. Y con ellos unas botas con las cañas de gamuza y una pollera papusa hecha de seda crepé? ¿No te acordás que traía aquella crema lechuga que hasta la última verruga de la cara te sacó? Y aquellos polvos rosados que aumentaban tus colores… Recordando sus amores el pobre bacán lloró...
Las letras de Tango reflejan la vida misma. Reflejan el dolor, el placer, la nostalgia, alegrías y tristezas. A través de ellas te invito a pensar! Letra: Mezcla rara de Museta y de Mimí con caricias de Rodolfo y de Schaunard, era la flor de París que un sueño de novela trajo al arrabal... Y en el loco divagar del cabaret, al arrullo de algún tango compadrón, alentaba una ilusión: soñaba con Des Grieux, quería ser Manon.
Francesita, que trajiste, pizpireta, sentimental y coqueta la poesía del quartier, ¿quién diría que tu poema de griseta sólo una estrofa tendría: la silenciosa agonía de Margarita Gauthier?
Mas la fría sordidez del arrabal. agostando la pureza de su fe, sin hallar a su Duval, secó su corazón lo mismo que un muguet. Y una noche de champán y de cocó, al arrullo funeral de un bandoneón, pobrecita, se durmió, lo mismo que Mimí, lo mismo que Manón.